domingo, 9 de noviembre de 2014

III

El director del internado se encerró en el despacho por la noche con papeles y un bolígrafo.

Por la mañana encontramos su cuerpo. Su aspecto era el de una momia que llevara meses en descomposición, la piel era verde y seca y los ojos amarillos. En su mesa, mil páginas escritas o más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario