sábado, 20 de diciembre de 2014

viernes, 28 de noviembre de 2014

IX

Había una ciudad envuelta en niebla, a la orilla de un río en la falda de una montaña, que solo podía ser encontrada por aquel viajero que, perdido por los antiquísimos caminos perdidos de la cordillera, atravesara la bruma que cubría la ciudad de forma permanente intentando encontrar una salida al valle.

Nadie salía nunca de ella, pero la tierra alrededor de ella mostraba signos de vida humana: los campos estaban cultivados, los aserraderos cercanos, aunque desiertos, se encontraban lo bastante limpios como para asegurar que aún bullían de actividad, y las antorchas de las paradas de posta cercanas se encendían todas las noches, a pesar de que nadie las visitaba ya.

Al entrar en la ciudad, a uno le rodeaba el bullicio propio de las grandes poblaciones. La gente iba y venía, los comerciantes vendían en sus puestos, las señoras compraban comida y fruta, los hombres trabajaban en los talleres, y los nobles se preparaban para la guerra. Pero sin embargo, a todos ellos les envolvía una tristeza insuperable. Las expresiones de sus caras eran gélidas, y sus miradas arrancaban todo el calor del corazón que se asomara a ellas.

Era una ciudad de muertos que llevaban siglos atrapados, repitiendo sus rutinas una y otra vez. Cualquier vivo que entrara en ella captaba inmediatamente la atención de la guardia fantasma, que le aprisionaba, le ejecutaba, y obligaba a su alma a vagar para siempre por las calles en busca de un consuelo que jamás llegaría.

martes, 25 de noviembre de 2014

VIII

Hace poco tuve una visión horroríficamente reveladora. Fue como ver un fotograma cambiado en un rollo de película, algo tan sutil y rápido que no pude retener la imagen en mi memoria, pero cuyo impacto quedó grabado a fuego en mi mente.

He sufrido la revelación más impactante que ha recibido ningún ser humano jamás. Mi vida, mi realidad, no es nada, una alucinación en la que ando sumido desde siempre. Pude verme a mí mismo en un oscuro pozo, encadenado a la pared, mientras, presa del horror más desmedido, castañeaba, tiritaba, y movía la cabeza de un lado a otro. Estoy famélico, con el pelo largo y asqueroso, y los ojos siempre muy abiertos.

No puedo evitar pensar en escapar hacia la realidad, cobrar conciencia y desatarme del muro, luchar por mi vida real, no por esta existencia hueca e incoherente, rodeado de personas que me son plenamente desconocidas y por las que nunca he llegado a sentir el más mínimo interés.

Pero también tengo una terrible corazonada sobre la imposibilidad de salir de mi sueño. ¿Y si el tiempo transcurre distinto en cada plano de realidad, y mientras en mi vida han transcurrido años, en mi existencia real sólo están transcurriendo los últimos instantes de una agonía terrible hacia la muerte? ¿Y si al perecer simplemente coincidirán los momentos de mi expiración en ambas realidades? ¿Y si en la realidad soy el producto de mi propio sueño, un sueño conscientemente creado para no sucumbir a la locura de una eterna tortura?

lunes, 17 de noviembre de 2014

VII

Siento sangrar mi cabeza. En el interior la sangre recorre lentamente los pliegues del cerebro, inunda mi cráneo, y se precipita al vacío como un líquido espeso y oscuro. El dolor es insoportable, y poco a poco voy perdiendo las fuerzas, pierdo la voluntad y el ánimo. El tiempo transcurre más lento, los colores se convierten en gris, y los sonidos se oyen apagados.

Al cabo de un rato despierto, pero el dolor sigue ahí arriba. Entonces pienso que no he estado soñando, y creo... creo que tengo razón.

domingo, 16 de noviembre de 2014

VI

Si haces el esfuerzo con un ojo de desenfocar lo que estás viendo y miras fijamente un punto brillante desenfocado, el punto se convierte en un reflejo exacto de tu iris, aunque no puedes notarlo bien. Existe una forma de ver dentro de tu propio ojo si sabes cómo hacerlo.

Si mantienes la mirada con tu propio ojo durante mucho tiempo, es muy probable que, durante un único instante, consigas ver más allá. Echar un vistazo a tu alma. Conocer mejor a la persona que crees ser.

Vosotros podéis intentarlo, aunque yo, cada vez que he querido hacerlo, apenas he podido ver una sombra borrosa.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

V

No dejo de soñar con un ser, un pobre ser, que aúlla atormentado en el fondo de un oscuro agujero. Aunque solo le veo en sueños, tengo la certeza de que es real, de que está en algún lugar del planeta, suplicando ayuda a cualquiera que pueda escucharle. Su cabeza es alargada, y las cuencas de sus ojos están vacías. Sus dientes sobresalen de la boca hacia adelante, para terminar en puntas muy afiladas, que rasgan sus labios cuando los intenta mover. Su estado es lamentable.

Pero lo peor de todo es el dolor físico que siente constantemente. Cada instante de su vida siente cómo los ojos, que ya no tiene, le producen un dolor similar al de una tremenda quemadura, además de padecer un calvario por los huesos torcidos en su boca y su cráneo.

En algún lugar un ser suplica clemencia al mal que se abate sobre él y nunca, nunca, nunca permite que deje de sufrir.

martes, 11 de noviembre de 2014

IV

Hay un hombre encerrado en una prisión. Está muy delgado, y gime constantemente. Le ilumina una luz amarillenta que viene de arriba, así que no podemos ver su cara. Una figura alta pasa por delante de él, al otro lado de los barrotes, y se sienta a veces a mirarle. Tiene la llave, pero no va a soltarle. De vez en cuando, él le pide la llave, pero ella, al otro lado, sólo extiende la mano desnuda. No llegan a tocarse, cuando la retira, se levanta, y se va.

domingo, 9 de noviembre de 2014

III

El director del internado se encerró en el despacho por la noche con papeles y un bolígrafo.

Por la mañana encontramos su cuerpo. Su aspecto era el de una momia que llevara meses en descomposición, la piel era verde y seca y los ojos amarillos. En su mesa, mil páginas escritas o más.

sábado, 8 de noviembre de 2014

II

Existen unos seres diminutos que viven en el bosque. Son pequeñas bolas de color verdoso. A diferencia de los demás, ellos no brillan con luz propia, sino que se mueven en la oscuridad, y viven en la más absoluta soledad. Pero a pesar de ser pequeñas criaturas melancólicas y solitarias, por dentro son seres extremadamente hermosos.

viernes, 7 de noviembre de 2014

I

Entré en la sastrería, muy pequeña y muy oscura, y por algún motivo el sastre no me quería atender, así que bajé yo mismo a su sótano.

Encontré doce personas encadenadas a la pared, que sollozaban con gemidos sordos. No podían ver y no podían hablar, porque sus párpados y sus labios estaban cosidos.

Pensé que el sastre se iba a enfadar, pero simplemente se quedó a mi lado. Le pregunté cómo pudo haber hecho eso.

"Oh, pero ellos son madera, son metal, son cualquier cosa menos personas. Llevan tanto tiempo aquí atados que ni siquiera tienen alma."

Entonces le miré y comprendí. Abandoné la sastrería con una sensación incómoda, pero no dije nada sobre el sastre. De algún modo, éramos iguales.

Y el lo sabía.