Hay un hombre encerrado en una prisión. Está muy delgado, y gime constantemente. Le ilumina una luz amarillenta que viene de arriba, así que no podemos ver su cara. Una figura alta pasa por delante de él, al otro lado de los barrotes, y se sienta a veces a mirarle. Tiene la llave, pero no va a soltarle. De vez en cuando, él le pide la llave, pero ella, al otro lado, sólo extiende la mano desnuda. No llegan a tocarse, cuando la retira, se levanta, y se va.
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