sábado, 24 de enero de 2015

XI

Le veo constantemente. En la calle, caminando, asomado a una ventana, al otro extremo de la calle, detrás de un escaparate, a lo lejos en la distancia. En mis sueños. Entre la muchedumbre. Mirándome fijamente, sin pestañear.

Piensas que solo es una cara anónima que has registrado y reproduces en tu subconsciente. Pero más que eso. Es algo recurrente. Le ves despierto, le ves dormido. Sabe algo que tú no sabes. Te estudia. Te persigue. Te acosa.

No es un hombre. Es más que un hombre. Viaja por tus sueños y por el mundo real. No conoce barreras. Hace y deshace a su antojo. Eres de su propiedad.