Siento sangrar mi cabeza. En el interior la sangre recorre lentamente los pliegues del cerebro, inunda mi cráneo, y se precipita al vacío como un líquido espeso y oscuro. El dolor es insoportable, y poco a poco voy perdiendo las fuerzas, pierdo la voluntad y el ánimo. El tiempo transcurre más lento, los colores se convierten en gris, y los sonidos se oyen apagados.
Al cabo de un rato despierto, pero el dolor sigue ahí arriba. Entonces pienso que no he estado soñando, y creo... creo que tengo razón.
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